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26 feb. 2012

MIEDOS


MIEDO A SOÑARLE…


  


  

Estoy en la penumbra de mi habitación. No quiero dormir, no tomaré  mis píldoras. Siento un miedo atroz a mis sueños. Cada noche me sucede lo mismo, pero esta noche es distinta.

  ¡Hoy se cumple un año de haberle perdido! Aún siento el calor de su cuerpo a mi lado… a mi espalda, con sus brazos acunándome como lo hacía siempre, induciéndome a entrar en la somnolencia que da el sentirse protegida y amada.

  Hoy se cumple un año y no puedo conciliar el sueño. Temo soñarle una vez más. Sin embargo mis párpados cansados se cierran y logro sumergirme en las sombras.

  Pasa algo de tiempo, no lo sé, no puedo interrumpir lo que se que está al llegar… siento el ruido de la puerta cuando se cierra. Sus pasos sigilosos sobre el parquet. A veces quedaba trabajando en su ordenador y trataba de no hacer ruido al entrar. Sé que es El, lo presiento y quiero despertar, me duele el pecho, como si un cuchillo me atravesara el corazón. Es un dolor indescriptible, de impotencia ante lo inevitable. No puedo despertar ni alejarle de mi inconsciencia. No puedo controlarme. Mis miedos me paralizan. Esta oscuridad me hace más vulnerable. Me vuelvo etérea, me incorporo y le busco en la penumbra, siento el olor de su colonia preferida.  Una oleada de tibia ternura me llega y alivia mi alma adolorida, pero no le veo el rostro, es como si se ocultara tras una niebla. Es la niebla de lo desconocido.

  ¡Cuánto desearía verle una vez más!, sin embargo, el miedo me paraliza. Sería como ver el rostro de la muerte.

  Prefiero tenerle en mi memoria, ese rostro, el de las fotografías tomadas en tantos lugares, sonrientes y alegres los dos. Aquella foto cuando se escondía detrás de un pilote de la playa. Sólo se notaban sus ojillos traviesos tras el medio rostro sonriente.
  
  Con mis recuerdos de antaño trataba de alejar el miedo, pero El seguía allí, frente a mí y se comunicaba a través de su olor corporal y a través de su ternura me pedía que no le temiera, que le abrazara que nada podía cambiar nuestro amor, que todo estaba bien.
  
  Me demostraba que su forma de ser y de entregarse no había terminado con su muerte, que ésta ternura seguiría llegando hasta mí en mis sueños, que no le temiera a lo desconocido, que eliminara mis miedos. Al despertar, mis ojos estaban inundados de llanto, sin embargo una dicha inexplicable llevaba en mi corazón.
Sé que un día desaparecerá de una vez y para siempre de mis sueños, para ese entonces estaré preparada, mis miedos no existirán, entonces sabré que lo que prometemos en vida dura hasta después de la muerte.
  
  ¡Cuantas veces prometemos en vida lo que nunca cumplimos! Y esta noche, yo atravesé la oscuridad y la neblina, vencí mis miedos a lo desconocido y le  juré que le recordaría siempre, que trataría de ser feliz, que seguiría mi vida, la que Dios me trazó,  pero que, a pesar del rumbo que tomara,  nunca, nunca,  lo olvidaría. Y sé que lo cumpliré.

  Este sueño me hizo perder mis miedos. Su muerte me hizo ver la vida tal y como es: un pedazo finito de un algo inexistente, vacío e insondable. Y tenemos que aceptarlo porque es nuestra vida.

  Me hizo ver que la entrada al mundo espiritual no es tan lúgubre como la imaginamos, es cierto que debemos pasar por un túnel o espacio de oscuridad pero al final encontramos la luz y con ella la paz de nuestra alma, ya muy lejos de nuestro cuerpo, muy lejos de dolores o preocupaciones. Eso es lo que quiero creer. ¡El estará bien! y yo al fín podré dormir tranquila y sin píldoras.
 

¡Al fin pude vencer el miedo a soñarle!

Gelois/2011


http://cafedeescritores.ning.com/profile/GeloisDiazMarin  



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